Las cifras que de verdad mueven la cuenta
- Con carga doméstica razonable, un eléctrico puede moverse en torno a 1,8-2,5 €/100 km.
- Un gasolina medio suele estar cerca de 9-10 €/100 km; un diésel, de 7-8 €/100 km.
- Para 15.000 km al año, el ahorro energético suele situarse entre 800 y 1.200 € si recargas en casa.
- Si recargas a menudo en puntos rápidos, el ahorro baja mucho y puede quedarse en una ventaja modesta.
- El mantenimiento también ayuda, pero no compensa por sí solo una compra mal planteada.
- La amortización mejora claramente cuando haces muchos kilómetros y aprovechas ayudas públicas o un buen precio de compra.
La referencia que manda es el coste por 100 km
Para comparar bien, yo parto de una base sencilla: 15 kWh cada 100 km en un eléctrico medio, 6 litros cada 100 km en un gasolina compacto y 5 litros cada 100 km en un diésel equivalente. No es una cifra rígida, pero sirve para entender la magnitud real del ahorro.
| Escenario | Precio usado | Coste por 100 km | Qué significa en la práctica |
|---|---|---|---|
| Carga en casa | 0,15 €/kWh | 2,25 € | Es la situación más favorable para un usuario particular. |
| Carga pública intermedia | 0,35 €/kWh | 5,25 € | Sigue siendo competitiva, pero el ahorro ya no es tan grande. |
| Carga ultrarrápida | 0,60 €/kWh | 9,00 € | La ventaja frente a un térmico se estrecha mucho. |
| Gasolina | 1,60 €/l y 6 l/100 km | 9,60 € | Referencia habitual para un compacto de uso mixto. |
| Diésel | 1,50 €/l y 5 l/100 km | 7,50 € | Suele ser algo más barato que la gasolina en carretera. |
La lectura es bastante clara: la carga en casa es la que de verdad hace rentable el eléctrico. Cuando duermes con el coche enchufado, cada kilómetro sale mucho más barato; cuando dependes de cargadores rápidos en ruta, la cuenta se parece más a la de un térmico eficiente. Con esa base, ya se entiende por qué el kilometraje anual cambia tanto el resultado.
Cuánto ahorras al año según tu kilometraje
Si hago la cuenta con esos valores de referencia, el ahorro anual cambia mucho según cuántos kilómetros recorres. Aquí tomo como ejemplo la carga doméstica a 0,15 €/kWh, porque es el caso que mejor representa a un propietario que puede cargar en casa de forma habitual.
| Kilómetros al año | Gasto eléctrico | Gasto gasolina | Ahorro frente a gasolina | Gasto diésel | Ahorro frente a diésel |
|---|---|---|---|---|---|
| 10.000 km | 225 € | 960 € | 735 € | 750 € | 525 € |
| 15.000 km | 338 € | 1.440 € | 1.103 € | 1.125 € | 788 € |
| 25.000 km | 563 € | 2.400 € | 1.838 € | 1.875 € | 1.313 € |
Si tu uso es mixto y recargas bastante fuera de casa, el ahorro baja. Con una tarifa pública intermedia, la diferencia frente a gasolina puede recortarse en varios cientos de euros al año, y con carga ultrarrápida frecuente la ventaja puede quedarse muy pequeña. Dicho de otra forma: el mismo coche eléctrico no ahorra lo mismo a todos los conductores, porque el patrón de recarga pesa casi tanto como el coche en sí. Y ahí entra en juego otro bloque de gasto que mucha gente subestima: el mantenimiento.
El mantenimiento también inclina la balanza
En un eléctrico desaparecen o se reducen varias partidas normales de un coche de combustión: cambios de aceite, filtros del motor, embrague y buena parte del desgaste de frenos gracias a la frenada regenerativa. En la práctica, yo contaría con un ahorro anual de entre 150 y 400 € en mantenimiento rutinario para un turismo medio, aunque el importe exacto depende mucho del uso, del taller y del modelo.
Eso sí, no todo baja. Neumáticos, suspensión, alineación, líquido de frenos, seguro e ITV siguen ahí. Además, el peso del coche y el par instantáneo pueden hacer que los neumáticos sufran algo más si conduces con alegría o haces mucha ciudad. El efecto neto sigue siendo favorable, pero conviene mirarlo con realismo y no venderlo como un coche “sin gastos”.
También hay una diferencia que yo no metería en la cuenta del ahorro anual, aunque sí en la decisión de compra: la depreciación. Un eléctrico puede perder valor a un ritmo distinto al de un térmico, y eso importa más a la hora de revenderlo que al calcular el coste mensual de uso. Con eso claro, toca ver qué gastos sí pueden comerse parte de la ventaja.
Lo que puede comerse parte del ahorro
El primer gasto que suele pasarse por alto es la instalación de un punto de carga en casa. En España, un wallbox doméstico instalado suele moverse, de forma orientativa, en torno a 1.000-1.600 € si la instalación es sencilla; en garajes comunitarios o con más metros de cable, el coste puede subir. No lo considero un problema, pero sí una inversión inicial que hay que amortizar.En 2026, las ayudas públicas a la compra y a la recarga pueden reducir aún más esa barrera de entrada, así que merece la pena comprobarlas antes de cerrar la compra. Cuando la inversión inicial baja, la comparación deja de centrarse solo en el precio del coche y pasa a mirar el coste total de uso, que es donde el eléctrico suele brillar.
El segundo factor es la dependencia de la recarga pública. Cargar en un punto público de potencia media sigue siendo razonable, pero la recarga ultrarrápida encarece mucho cada kilómetro. Si usas el coche para viajar a menudo y casi nunca puedes cargar en casa o en el trabajo, el ahorro baja tanto que la compra ya no se decide solo por el coste de uso.
También conviene ser prudente con las bonificaciones locales. En algunas ciudades hay ventajas de aparcamiento, impuestos o acceso, pero cambian según el municipio y no deberían usarse como base del cálculo. Yo las tomaría como ahorro extra, no como parte de la cuenta principal. Con eso ya se puede responder la pregunta importante: cuándo compensa de verdad.
La regla práctica para decidir en España
Mi regla es simple. Si haces más de 12.000-15.000 km al año y puedes cargar en casa o en el trabajo, el eléctrico suele salir claramente mejor en coste de uso. Si además accedes a ayudas públicas o compras un modelo con precio contenido, la amortización de la diferencia inicial se acelera mucho.
En cambio, si recorres pocos kilómetros, vives pendiente de la recarga rápida o el eléctrico que te encaja cuesta bastante más que un gasolina equivalente, la ventaja económica tarda más en llegar. En ese caso, el ahorro sigue existiendo en energía y mantenimiento, pero ya no basta para justificar la compra por sí solo.
Si me obligas a dar una cifra redonda, yo usaría esta referencia: con carga doméstica y 15.000 km al año, un eléctrico puede ahorrar alrededor de 1.000-1.400 € al año frente a un coche de gasolina o diésel equivalente, sumando energía y mantenimiento básico. Esa horquilla sube si haces más kilómetros y baja mucho si dependes de recarga pública cara. Por eso, antes de fijarte solo en el precio de compra, mira cómo vives el coche en el día a día: ahí es donde se gana o se pierde la mayor parte del ahorro.